Y al fin llegó el día. Nos toca sábado a las 14:10. Ningún partido se superpone por orden de la producción que no es otra que la AFA.
La cita es en Juan Agustín García y Boyaca, barrio Gral. Mitre, bien cerca de La Paternal.
El escenário es parecido a una cancha de fútbol, un lugar al que se le falta el respeto a los pagadores de entradas. El estádio de Argentinos Juniors se llama Diego A. Maradona, demasiado nombre. Esta institución y sus concurrentes se merecen algo mucho mejor...
Pero esta mala verba se contrasta con el buen humor que tiene el público local. Se nota el clima alegre en sus calles y en sus caras. Hay malabaristas en la esquina, unos bombos y redoblantes...la gente está relajada.
A mí me tocó venir por donde fluía el público local así que no puedo dar testimonio del ambiente del lado contrário.
Entonces me disfrazo de periodista y el costo es ver el partido en la platea alta local. Tengo a la tribuna popular huracanense justo enfrente y pienso que no está mal poder verlos desde el lugar del rival. Y la verdad es que no defraudamos. El espácio es compacto en todos los sectores. Nunca ví una cancha tan compactada. Una hectária para albergar a 20.000 personas, una locura!
Pero la popular visitante está bien llena, no tanto la platea quemera.
Una vez acomodado, me encuentro con parientes de parientes, que vienen a ser como parientes lejanos. Ellos son del bicho y les tengo mucho aprecio. Nos ponemos a charlar en momento que salen los equipos. Lindas recepciones, mucho aliento, miro a los jugadores del globo y me cuesta reconocer a más de 4 o 5 de ellos. Quedan pocos del campeonato pasado, no los mejores aunque nuestro querido Monzón es un guarda metas de respeto. Allí veo a nuestra carta fuerte en ataque, el Roly Zárate, descarte de Velez Sarsfield. Es lo que hay.
Empieza el partido y yo dándole charla a mis parientes lejanos, mirando el partido de reojo.
Mientras, entra nuestra querida barra con una bandera sudafricana flameando y otra que dice algo en inglés. Pienso que quizás se las trajo alguno del mundial.
Y así transcurre un primer tiempo que roza lo pésimo. Es difícil pensar que este club es el campeón reinante del fútbol argentino. Qué lindo que era todo antes, no? Si los plateístas del bichito no insultan, es porque tienen nafta en el tanque, aún. Pero a su entrenador, Pedro Troglio, lo miran con recelo y recuerdan a Borghi y su toque-toque. Hoy está en el banco de Boca.
Pregunto por los jugadores ya que mi radio no capta ninguna transmisión del partido y Ariel me dice que el lateral izquierdo de Huracán se llama Formica y que viene de Godoy Cruz de Mendoza.Allí veo a nuestra resaca del 2009, al central Filippeto, al Chichón Nieto y sus bellos botines rosa, al arquero y al rubio Machín que cuando sale reemplazado, es más aplaudido por los locales. Y una escapada, tras error defensivo termina en el 1 a 0 con el que se van al descanso.
Veo en la tribuna quemera, una bandera de Corea del Sur y me imagino si habrán estado a las trompadas con los orientales o si son una fracción del Barrio coreano del Bajo Flores.
El segundo tiempo ya se juega con menos sol y más frío y mi abuela me mira desde el cielo como diciendo "por qué de manga corta?"
Entró Matute Morales que tiene 35 años y juega más que los de 20. Cosas de nuestro fútbol. Y también entra un tal Mariano Martinez, personaje que según mis queridos parientes, se equivocó de profesión, pero nuestros dirigentes también se equivocaron y lo trajeron. Se ríen y me dicen que si mete un gol se van y al rato mete un gol y ellos se tienen que ir y a los dos minutos otro gol de un perfecto desconocido y delirio enfrente mientras yo miro callado porque no soy ni irrepetuoso ni kamikaze. Argentinos se cae a pedazos y Huracán gana la partida.
Salgo raudamente antes que me retengan veinte minutos adentro de la cancha y camino por Juan A. García, con el canto de la querida hinchada quemera que corta el silencio del barrio, pisando algunos cartelitos arrugados que dicen "dale campeón".